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Espiritualidad y desarrollo personal, ¿Para esto hace falta ir al desierto?

Espiritualidad y desarrollo personal, ¿Para esto hace falta ir al desierto?

Recién regresé de una “Caravana hacia el interior” (retiro en el desierto) con un grupo de personas ávidas de sosiego, de reconexión…y me marcho nuevamente allí, en un par de semanas, esta vez entre amigos y con nuestros hijos.

Y, ¿por qué regreso al desierto, una y otra vez?

  • En una primera capa, está el deseo de que personas con la necesidad de hacer una pausa y de reconectar con ellas mismas, puedan encontrarse entre dunas y caminatas, compartiendo con nuestros amigos bereberes y sus dromedarios.
  • Debajo de esta capa, están mis ganas de ayudar, de acompañar a otros seres humanos en momentos de tránsito vital (en sus miserias y grandezas), a recuperar o fortalecer su lugar en el mundo; su propósito de vida.

Por último, en lo más profundo, está mi necesidad de:

  • Mantener el rumbo y recuperarlo, cuando lo pierdo.
  • Conservar la capacidad de establecer relaciones sanas y profundas, con otros seres humanos.
  • Mantenerme vivo y energético, gracias al contacto con la naturaleza.
  • Y, sobre todo: llevarme bien conmigo mismo, para seguir aceptando lo que soy, para estar en paz con quien soy, para dejar de pelearme con lo que me gustaría ser o lo que a otros les gustaría que fuera.

“¿Para esto hace falta ir al desierto?”

Me lo preguntan a menudo y, tengo la certeza, después años de trabajo personal y de acompañar a personas y grupos, de que no hace falta ir al desierto para conseguirlo. Hay muchas otras maneras de seguir un camino de consciencia y de desarrollo personal.

Pero el desierto te lo pone extremadamente fácil: resulta un escenario ideal para el desarrollo personal y para reencontrarse con la espiritualidad perdida, y con uno mismo.

¿Y esto por qué es así? Porque…

  • Elegí una zona del Sáhara (Marruecos) poco turística y apenas frecuentada, para realizar los retiros.
  • Allí, no disponemos de cobertura móvil (salvo urgencias).
  • Me acompaña el mismo equipo de Amazics (Bereberes) desde hace 13 años.
  • Solo nos desplazamos en dromedario (sin vehículos motorizados), con el objetivo de dejar todo el protagonismo al desierto, sin adornos ni comodidades innecesarias.

Entonces, solo queda rendirse a la grandeza de la naturaleza en estado puro, y a sus propios ritmos que nos conectan con nuestro propio ritmo vital.

A los tres días, aproximadamente, uno cae en un estado de presencia absoluta, en el que comemos cuando tenemos hambre y descansamos cuando lo necesitamos o deseamos.


La mirada hacia los demás, y hacia una misma, se hace más clara y nítida. Y el anhelo de profundidad, se ve reconfortado con conversaciones profundas, acompañadas de té -mucho té- y fuego a tierra. También, con ensimismamientos escuchando el viento, las idas y venidas del sol y la luna, las noches de cielo estrellado que nos caen encima invitándonos a un sueño reparador sobre las dunas.

Caer en este estado de júbilo y presencia también facilita que nuestras cosas no resueltas, que se mantenían adormecidas por las prisas del día a día, emerjan y pidan ser atendidas. Sería algo así como: “ahora que dejaste de correr, ahora que tienes tiempo de escucharte, te voy a recordar que…”. Entonces, uno tiene la posibilidad de ponerse al día consigo mismo y con los demás.

Una experiencia profundamente transformadora

He acompañado a centenares de personas en su “Caravana hacia el interior” (retiro en el desierto) y, a la vuelta, o después de meses o años, algunos me comparten entrañables y conmovedores testimonios de:

  • Despertares espirituales.
  • Cambios de rumbo personal y/o profesional.
  • Reconexión con su propósito vital.

Como decía, no es imprescindible ir al desierto para que esto suceda, pero te aseguro que, en el desierto, este tránsito se hace de manera suave, orgánica y amorosa.

¿Cuándo vas a atravesar tu desierto?