
La tribu no es lo mismo que el grupo de amig@s. Los amigos son un tesoro irremplazable. A veces los amigos son tribu… y otras veces, necesitamos tener amig@s y tribu, cada cual cumpliendo una función distinta en nuestro camino.
Los amigos están siempre, para todo. Te celebran, te acompañan, te hacen reír, te recogen cuando tropiezas. Qué regalo tan valioso.
La tribu, en cambio, es ese grupo de personas que aparece —a veces para siempre, a veces por un tramo de camino— cuando toca mirar de frente el dolor. Cuando una pérdida, una separación, una enfermedad o un episodio vital abrupto nos descoloca, o cuando iniciamos, por voluntad propia, un proceso de autoconocimiento y decidimos enfrentarnos a lo que hemos evitado sentir.
¿Y por qué ir a por el dolor? ¿Qué sentido tiene? Uno inicia un proceso de terapia o coaching cuando se siente desasosegado, irritado, frustrado, deprimido, airado, sobreexcitado, disperso… todo eso, de una forma u otra, conlleva sufrimiento. Y el sufrimiento es siempre dolor no expresado. Y cuando finalmente contactamos con ese dolor antiguo, evitado, silenciado… sanamos. Nos reordenamos. Nos armonizamos por dentro, y también en nuestra forma de estar en el mundo y con los demás.
Pero mirar ese dolor de frente no es fácil. No se hace solo. Solo se mira así, con esa honestidad, en un proceso terapéutico. O de coaching profundo. O en un espacio de retiro, de introspección real.
Ahí es donde entra la tribu.
La tribu es ese grupo de personas que ya han atravesado lo que tú estás empezando a recorrer. Que no juzgan, que no opinan, que no intentan salvarte. Te miran, te acogen, y te acompañan. Y si hace falta caer, tocar fondo, llorar o callar… ahí están, sosteniéndote.
Y lo más bello de todo es que, cuando pase el tiempo, probablemente serás tú quien sostenga a otr@. Porque habrás transitado ese lugar, y sabrás hacerlo desde el respeto y la empatía.
Busca tu tribu.
Escríbeme si sientes que es tu momento.
Estoy aquí para acompañarte.