
Si me sigues en redes, ya sabrás algo de Jordi.
Y si no, hoy quiero contarte un momento que me atravesó.
La historia de Jordi es dura.
La vida le está retando fuerte.
Y la tribu —esta tribu que a veces se forma solo por unos días, pero permanece mucho más tiempo—
la tribu le está acompañando.
En marzo, Jordi atravesó su desierto.
Lo hizo con un grupo de buscadores.
Y algo en él se abrió. Algo se sostuvo.
El último día, como cada mañana, nos reunimos después del desayuno para compartir.
Cuando llegó su turno, Jordi abrió el corazón.
Fue narrando su experiencia, lo que había comprendido, lo que se llevaba.
Mientras le escuchábamos, sosteniéndolo en presencia, algo en él se sanaba.
Lo sentíamos. Era evidente. Silencioso y claro.
Y entonces pasó.
Muy lentamente, un dromedario se acercó desde el campamento.
Con una delicadeza que todavía me estremece al recordarlo,
se arrodilló frente a Jordi,
se fue acercando sin hacer ruido,
y posó suavemente el hocico junto a él.
Y se quedó ahí, inmóvil.
Durante todo el relato.
Como si también él estuviera escuchando.
Como si también él reconociera el momento.
El grupo entero lo vivió en silencio.
Y con lágrimas que nos brotaban sin poder evitarlo.
Ese momento fue revelador.
Sentí, de nuevo, la conexión profunda de todo.
El desierto, los animales, los seres humanos, el alma, el misterio.
Gracias, Jordi,
por tu valentía,
por tus ganas de vivir,
por cada paso compartido en esta Caravana.
Próxima Caravana hacia el Interior:
📅 25 de octubre al 2 de noviembre de 2025
📍 Más info en oscarboule.com